
La crisis financiera global no dejó al margen a la industria siderúrgica, uno de los sectores que más crecimiento registró durante los últimos años producto de la alta demanda mundial del acero para la construcción y la fabricación de bienes durables. La primera medida tomada por los gigantes del sector consistió en reducir la producción, que si no hubiese sido por el traspié mundial, habría finalizado 2008 con un récord.
La industria siderúrgica argentina venía acumulando resultados auspiciosos. Durante el año pasado, la producción de acero crudo (5.700.000 toneladas) creció 2,9 por ciento respecto del año previo y superó el record histórico de 5.532.700 toneladas obtenido en 2006. Particularmente, la empresa Siderar reportó utilidades por 174,8 millones de pesos y ventas netas por 2215 millones de pesos en el tercer trimestre. Sin embargo, el advenimiento de la crisis internacional cambió bruscamente el escenario.
En el último trimestre, la producción argentina sufrió una fuerte caída: en octubre, del 3,4 por ciento, en noviembre, del 31,6, y en diciembre, del 45,4, siempre medido en términos interanuales. La desaceleración económica mundial está impactando directamente sobre la demanda de productos metalmecánicos.
Los últimos datos del sector indican que la producción de acero crudo de enero de 2009 alcanzó las 283.900 toneladas, 31.9% menor a la de enero del año anterior (417.000 toneladas) y 6.7 % superior a los valores de diciembre ’08 (266.100 toneladas).
La misma tendencia se observó en la producción de hierro primario que alcanzó en enero las 213.900 toneladas, 47.8% inferior en la comparación interanual (409.500 toneladas) y 4.4 % mayor a la de diciembre ‘08 (204.900 toneladas).
No es la primera vez que la industria siderúrgica atraviesa estos vaivenes económicos. Se trata de un sector que sufrió fuertes reacomodamientos productivos en las últimas décadas. Haciendo un poco de historia, el impulso al desarrollo industrial siderúrgico surge de la mano de la creación de la estatal Somisa (1947). Como señalan Daniel Azpiazu y Eduardo Basualdo (La siderurgia argentina en el contexto del ajuste, las privatizaciones y el Mercosur, Instituto de Estudios sobre Estado y Participación (Idep-Ate)) “dada la magnitud de los capitales demandados, se consideró que las inversiones sólo podían ser encaradas por el sector público, que de esta forma facilitaría y garantizaría el desarrollo de los laminadores privados existentes en el país y, por otro lado, induciría la incorporación y maduración de nuevas firmas privadas en la elaboración de productos finales”.
La irrupción de Somisa favoreció el desarrollo de empresas privadas como Acindar (nacida en la década del ‘40 para abastecer de hierro redondo para la construcción). Por aquellos años, el aumento de la producción de acero nacional resultaba clave para abastecer a la industria de bienes de consumo durable y, a la vez, reemplazar la compra de acero importado descomprimiendo las presiones sobre la balanza de pagos.
En la década del ‘80, el sector siderúrgico mundial sufrió una fuerte caída de la demanda mundial. La disminución se produjo por dos razones fundamentales: las industrias más dinámicas (por ejemplo, la informática) utilizan menores porciones de acero y, al mismo tiempo, disminuyó el consumo de aquellas industrias que normalmente lo utilizaban (por ejemplo, la rama automotriz comenzó a utilizar materiales más livianos, como el plástico).
Esa crisis sectorial estimuló los procesos de concentración productiva del sector y la desaparición del Estado como actor productivo. Así, la Argentina, Brasil, México y luego Venezuela (1997) se terminaron desprendiendo de sus empresas siderúrgicas estatales. En el caso argentino, previamente a la privatización de Somisa (hoy Siderar) se produjo un proceso de racionalización productiva que terminó con la salida de 5500 trabajadores.
Ahora la crisis amenaza con dejar nuevamente en la calle a cientos de trabajadores. Según señaló el Centro de Industriales Siderúrgicos (CIS), la industria siderúrgica, a nivel mundial, “enfrenta actualmente múltiples desafíos como consecuencia de la crisis financiera global. La desaceleración mundial está impactando directamente sobre la demanda de productos metalmecánicos, y en particular, sobre la demanda de bienes durables. Se espera que este efecto se profundice en los meses siguientes y se expanda a otros sectores”, advirtió la entidad empresaria.
Asimismo, explicó que esta retracción en el nivel de actividad mundial se evidencia por ejemplo en el mercado de fletes marítimos, donde el alquiler de buques acumula en el año caídas superiores al 90 por ciento.
”Dado el panorama de incertidumbre, los principales productores de acero en el mundo efectúan recortes en los niveles de producción y cierran temporalmente instalaciones productivas, de manera de ajustar la oferta a este nuevo escalón de demanda”, añadió.
En la Argentina, la variable de ajuste comenzaron siendo los trabajadores. En diciembre, Siderar anunció el despido de 1200 operarios que reparaban sus altos hornos ubicados en San Nicolás. Un mes después, la amenaza de despidos alcanzaba a 2400 empleados de la planta. La compañía comunicó que esas bajas laborales serían consecuencia de la suspensión del plan de inversiones (estimado en 1200 millones de dólares para el período 2008–2011) destinado a ampliar su capacidad productiva. Finalmente el conflicto se destrabó con un acuerdo entre las partes por el cual la obra de construcción de un nuevo horno seguirá y los 2400 trabajadores continuarán trabajando, pero con un régimen rotativo de suspensiones. Cada cuatro semanas trabajarán dos y cobrarán tres. De los 4.000 pesos mensuales que redondeaban muchos albañiles aprovechando la amplia oferta de horas extra y premios, ahora sus sueldos se aplastarán a cifras de entre 1.200 y 1.700 pesos netos.
En nuestra provincia, la empresa Fundición Dragón, radicada en el polo industrial de Las Parejas despidió este mes a 10 trabajadores. La delegación de la UOM en dicha localidad salió a denunciar que a partir de febrero "decenas de metalúrgicas de la zona" sellaron acuerdos con sus trabajadores de pagar entre el 50 y el 80 por ciento de los salarios.
La tendencia que se está dando en las empresas y que acercan desde el gremio ha sido confirmada oficialmente por el Ministerio de trabajo de la provincia. Según un informe del Ministerio difundido recientemente, ya son 65 las firmas que cobran o tramitan los aportes otorgados por el gobierno nacional en el marco del Programa de Reconversión Productiva (Repro) por el cual se las auxilia en el pago de sueldos con una suma fija de 600 pesos. El Repro es un programa administrado por la cartera de Trabajo nacional y permite a las empresas que acrediten una situación de crisis, presenten un plan para superarla y se comprometan a no despedir trabajadores, recibir por doce meses un aporte de hasta 600 pesos mensuales para completar el sueldo de cada categoría laboral. Según los datos de la cartera laboral, hay 44 empresas que solicitaron o se encuentran tramitando procedimientos preventivos de crisis, que involucran una masa laboral de 2.750 trabajadores. El 70 por ciento de las presentaciones pertenecen al rubro metalmecánico.
En noviembre de 2008, el grupo Techint (dueño de Siderar) organizó su 7º Seminario ProPymes en el hotel Hilton de Puerto Madero, Buenos Aires. En esa oportunidad, el Gerente de Ternium Siderar, Daniel Novegil, manifestó que “las crisis como la que vivimos son esencialmente oportunidades para ganar productividad, eficiencia y mejorar posicionamiento de cara al futuro”. Habría que ver qué opinan los operarios su empresa.
martes, 24 de febrero de 2009
SIDERURGICAS: ALCANZADAS POR LA CRISIS MUNDIAL
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